martes, 10 de enero de 2017

En la jaula (Henry James) (ALBA)

Si nos parasemos a pensar un poco en cuanta gente son participes de nuestras vidas aunque solo sea en el instante que nos sirven el café, nos entregan un paquete, cuando compramos el periódico...etc, nos daríamos cuenta que son personas que seguramente no volverán a aparecer y que nunca sabremos nada de ellas. Pues bien, de eso trata nuestra novela, con la salvedad, que nos encontramos a finales del siglo XIX y todos estos quehaceres diarios no eran tan impersonales como en la actualidad.

Así que ahí tenemos a nuestra protagonista (sin nombre) trabajando en una oficina de correos de un barrio selecto, en unas condiciones de espacio no muy satisfactorias (en la jaula), con un compañero y un ayudante cuya convivencia no se percibe muy fluida, pero con unas características que son las que la hacen mantenerse en su puesto incluso habiendo pedido destino a otro despacho, seguramente más cómodo pero con clientes que pertenecerían a otro estatus.

El titulo de la novela, como es sabido, es “En la jaula” (escrita en 1898), pero para nuestro personaje, a pesar de las condiciones de trabajo ya detalladas, bien se podía llamar “En la atalaya”, pues así es como se manifiesta dominando los secretos de los clientes que ingenuamente van a mandar un telegrama o certificado. Al parecer, tenía que contar las palabras para calcular la cuantía del encargo o directamente se lo dictaban, por lo que era conocedora de todo su contenido, sintiéndose con esa superioridad que otorga conocer todos los pormenores por muy confidenciales que fueran. “Estaban las mujeres descaradas, así las llamaba ella, del estilo más distinguido y también del más vulgar, de cuyos despilfarros y tacañerías, de cuyas peleas y secretos y relaciones amorosas y mentiras tomaba buena nota, hasta que, en ciertos momentos, en privado, experimentaba un perverso y triunfal sentimiento de dominio y poder, la sensación de tener sus tontos y culpables secretos en el bolsillo, en su pequeño cerebro retentivo y, por tanto, de saber mucho más de ellas de lo que sospechaban o les gustaría creer.”

Se obsesiona con un caso en particular que le parece especialmente llamativo, pues la atracción que siente con el interesado se hace cada vez mayor cuando se percata, todo según sus conclusiones, que se puede encontrar en peligro o por lo menos en una situación embarazosa que le acarrearía no pocos problemas “Cuanto más tiempo pasaba sin ver al capitán Everard, más comprometida se sentía,”. Se atreve a dar el paso y mantener una conversación fuera de la “jaula” rompiendo con ello todos sus principios en lo relativo al trabajo y violando todos los complejos existentes entre dos clases sociales tan diferenciadas “—¿Odiarlos? Creía que te gustaban.—No seas estúpido. Lo que me «gusta» es despreciarlos. No te puedes imaginar lo que pasa por mis manos.”

Aparecen otros personajes que no por su menor extensión son menos interesantes. Así tenemos al novio de nuestra funcionaria (al que no ama), un trabajador con ansias de gran empresario y consentidor de todas las actuaciones de su prometida y que nos deleitan con una relación distante y un tanto peculiar, siendo ella la que con sus subterfugios maneja la situación “No obstante, le gustaba que él la creyera estúpida, pues eso le daba el amplio margen que siempre necesitaría” “—Sí, por supuesto; así fue como empezaste, ¿recuerdas? Tú eres terriblemente inferior a él.” También tenemos a la Sra. Jordan, con sus delirios de grandeza y sus disputas con nuestra funcionaria a ver quien conoce más en profundidad a todos los personajes influyentes de la sociedad (ella tiene una empresa de flores) “—¡Dudo mucho que sean tan suyos como míos! Sus asuntos, sus citas y sus planes, sus pequeños juegos y secretos y vicios, todas esas cosas pasan por delante de mis ojos.”

El desenlace es un poco confuso, reconozco que tuve que leerlo dos veces y aún así queda algún cabo suelto, no obstante se cumple la máxima de Henry James en dejar para el final la explicación definitiva y no siempre completa. No hace falta recalcar, una vez más, la calidad literaria, la agilidad de su prosa....y la férrea recomendación de sus libros.

Mi puntuación es de 6,5 sobre 10.